Juan Ignacio Oliva
Universidad de La Laguna, Tenerife, Canary Islands | Views:

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Edición de Andreu Jaume

Traducción de Miguel Temprano García

Barcelona: Lumen, 2012

ISBN: 978-84-264-2120-3

“El arte oculta al artista, más que lo descubre,
y detrás de toda hermosura se esconde algo trágico”

En octubre de 2012 se publica Oscar Wilde: El secreto de la vida. Ensayos, en la serie homónima de la editorial Lumen de Barcelona, editado por Andreu Jaume y acompañado en la traducción por Miguel Temprano García. Es éste un volumen cuidado y elegante, cuya portada nos presenta un cuadro del pintor neo-impresionista Toulouse-Lautrec que retrata a un Oscar Wilde en plena madurez, rotundo y afectado, que no puede disimular la circunspección de una mirada de ojos tristes, acompañada por un gesto severo y aristocrático, pero que a la vez no alcanza a esconder un cansancio por la vida. Sabio, pero vulnerable; encorsetado, pero profundamente abierto a la realidad hipócrita de su tiempo. En este sentido, el Dorian Gray de Wilde no deja de ser un alter ego del propio escritor, vencido por la moralidad estricta de su tiempo y abocado al desastre por la vehemencia de sus deseos, poco convencionales para los círculos en que éste se desenvolvía. Así, en la introducción del editor podremos asistir, por una parte, al desenmascaramiento de la íntima realidad vital del dandy irlandés, con sus poderíos y sus flaquezas; y, por otra, a la revelación de la hondura filosófica del pensamiento wildeano, al que compara con el de Nietzche, en su afán por superar las constricciones judeocristianas y alcanzar el conocimiento existencialista trágico. No en vano Jaume acompaña su ensayo introductorio con una cita del propio filósofo alemán, que parece retratar la vida misma de Wilde: “todo lo que es profundo ama la máscara.” Y en los afeites de la sociedad decadentista decimonónica —  vistiendo las galas del refinamiento liviano y escribiendo con un lenguaje chispeante piezas teatrales en apariencia ligeras y superficiales —  el esteta dibujó un retrato, mordaz y lacerante, de un provincianismo opresivo y mortal que tristemente acabará por convertirlo en víctima, como comprobará en sus propias carnes, y por precipitarlo al final de su vida. Andreu Jaume, de esta manera, ahonda en las raíces literarias del escritor (deudoras del esteticismo prerrafaelista y de la exquisitez prosística de Walter Pater), al tiempo que traza una evolución hacia la preponderancia de lo artístico sobre la naturaleza, en primer lugar; de la verdad estética sobre los dogmas sociales, a continuación; y, por último, de la propia existencia como objeto mesiánico sobre el envoltorio artificioso de la propia escritura. De Profundis (oEpistola: in Carcere et Vinculis, como originariamente la denominara Wilde) constituye el epítome de dicha transformación, pues, como el editor apostilla al final de su introducción: “‘el secreto de la vida está en el arte,’ que ahora en ‘De Profundis,’ se muda en un contundente ‘el secreto de la vida es el sufrimiento,’ el único y postrer legado moral que pretende dejarle a su amante, su último aforismo.” (23)

Especialmente relevante, a nuestro parecer, resulta el hecho mismo de la selección de ensayos que se publican en esta edición, que contrasta con los de otras publicaciones de décadas anteriores. Así, por ejemplo, la edición de Ensayos y Artículos de Oscar Wilde, prologada y presentada por Francesc Ll. Cardona para Edicomunicación, de 1999 —  que repite la misma selección aparecida en la colección “Biblioteca Jorge Luis Borges,” de 1986, ambas fruto de Orbis Ediciones S.A. —   publica sólo cuatro ensayos, de los cuales “El crítico artista” y “La decadencia de la mentira,” son comunes a todas, siendo “Pluma, lápiz y veneno” y “La verdad sobre máscaras” los otros dos ensayos seleccionados en las ediciones de Orbis. Por otra parte, De profundis, en su versión larga epistolar, se publica en solitario en España, allá por 1974, en un volumen de bolsillo de la colección “La Fontana Literaria,” prologado por Luis Antonio de Villena: una introducción extensa e históricamente relevante por la época en que se publica y el contenido obvio de la obra. Publicaciones de ese tipo abrían la época de la transición española y adivinaban la posibilidad de que en España se publicara una obra anónima, abiertamente homosexual y calificada como “porno” en la época como fue Teleny(fruto de la editorial barcelonesa Laertes, en 1980), cuya autoría era atribuida por aquél entonces, ya fuera como único autor o en colaboración, al propio Oscar Wilde. Posteriormente habrán de venir a la luz otras ediciones de De profundis, como la de la editorial Siruela, en el año 2000.

De este modo, El secreto de la vida se muestra como una obra más ambiciosa que aglutina en un solo volumen, de forma cronológica, los ensayos más importantes y conocidos del autor, culminando con De profundis una selección que recorre el desarrollo vital y literario del controvertido genio irlandés a través de sus escritos más esenciales e iluminadores. Desde “El renacimiento inglés del arte,” donde Wilde da cuenta de la concepción preciosista del cambio artístico efectuado en su época, se van desgranando los principales ritos de paso estéticos del escritor. Pasando por “la decadencia de la mentira,” un diálogo ensayístico, culmen de la concepción del arte como una gran farsa que tiene valor por sí misma, y nunca como imitación de la realidad. O por “El retrato del señor W.H.,” que ahonda en la ficcionalidad del arte y en los motivos homoeróticos, y que anticipa de forma autobiográfica la visión especular del “otro yo” wildeano, que constituirá El retrato de Dorian Gray. Sobre la única novela escrita por Wilde se incluyen dos ensayos, no por breves menos clarificadores, que constituyen el centro físico del volumen y marcan la transición catalizadora hacia De profundis. “Prefacio a El retrato de Dorian Gray” y “En defensa de Dorian Gray” ilustran los mitos de la contemplación que utiliza el escritor en sus exégesis. Es éste un elemento que aparece profusamente en la historia de la literatura y sobre el que nos detendremos unos momentos:

Narciso, Alicia, Orfeo, Perseo, Blancanieves, la Dama de Shalott, Dorian Gray… Todos ellos relacionan la imagen de uno mismo con la contemplación del otro y, por ende, con la apreciación moral y filosófica del mundo. Así como Narciso se enamoraba de su propia juventud y belleza, contemplándola en el espejo del agua, Dorian intentaba preservarla a través del arte. Lo logrará valiéndose de un retrato sublime pintado por su amigo Basil Hallward, al cual (por medio de un encantamiento, de un magnífico coup de théâtre faustiano) afectará la decadencia física y moral del joven, mientras el cuerpo de éste permanecerá intacto en la plenitud sensual de la juventud. En cambio, si Alicia traspasaba el umbral de la fantasía y Orfeo, al otro lado del espejo, se convertía en reflejo, en un mundo inferior, en pos de su amada Eurídice, Dorian se aventura en su propio y particulardescensus ad inferos, alentado por el perturbador Lord Henry Wotton, un crápula, amigo de Basil. De esta manera, Dorian se deja llevar por un hedonismo anticristiano, y se convierte en un joven libertino y amoral. Pensando en la inmunidad de su imagen corpórea, se olvida completamente de los límites, y su alma inmortal, atrapada ahora en el cuadro, se va volviendo cada vez más abotargada, deforme y envejecida, retratando, así, la culpa y el tiempo a partes iguales. Dr. Jeckyll y Mr Hyde, el juego de los opuestos, el espejo rajándose de parte a parte, en la maldición de la Dama de Shalott, cuando, según el poema de Lord Tennyson, aturdida por la luz de la armadura brillantísima de Sir Lancelot, mira el objeto prohibido y se condena en su torre de marfil. Finalmente, la eterna juventud se convierte en un suplicio de Tántalo, condenado a no gustar de los manjares y placeres que se muestran como espejismos al alcance de su mano.Vanitas vanitatis et Omnia vanitas: Dorian Gray lamentará amargamente no haber podido seguir el orden natural de las cosas, y a pesar de arrepentirse de sus horrendos crímenes (como un Don Juan Tenorio o, también, como un dandy dieciochesco, un alter ego del propio Oscar Wilde), no será capaz de evitar su gótico y truculento final. Y es que los espejos mágicos de los cuentos nunca dicen la verdad, sólo halagan la visión que uno tiene de sí mismo, para engañar sutilmente las vanidades mundanas. Una vez que nos hallemos desnudos —  en la más absoluta soledad, despojados de nuestras máscaras, maquillajes y afeites de la puesta en escena social —  contemplaremos entonces las manchas, las debilidades de la carne y, sabedores del terrible secreto de la humana complacencia, veremos cómo se desvanece ante nosotros la pretendida eternidad de la mirada.

Tras el punto de referencia que constituye Dorian Gray en el periplo vital de Wilde, los textos “El crítico como artista” y “El alma del hombre con el socialismo” no hacen más que mostrar su evolución hacia actitudes de rebeldía contra el sistema y una cierta desnudez aristocrática que lo hará vulnerable, así como el cuestionamiento de muchos de los absolutos sociales imperantes. Parece un tanto incongruente pensar en un Wilde socialista, pero precisamente su concepción adelantada a su tiempo de un socialismo individualista, no uniformado, refinado, y que ama la diferenciación humana, lo aleja del diecinueve romántico y victoriano al tiempo que lo catapulta a un modernismo sui generis avant la lettre. A continuación, y especialmente acertada, nos parece también la inclusión de los famosos aforismos, publicados en 1894, que describen muy bien el ingenio chispeante del autor y su mirada sarcástica. Finalmente, queremos destacar la esmerada y atenta traducción de la versión larga epistolar de De profundis, que hace Miguel Temprano no sólo en esta pieza, sino durante todo el volumen, lo cual nos permite recrear la hondura del fracaso espiritual del Wilde hombre, y su posterior redención literaria como artista transcendente.

Works Cited

Wilde, Oscar. 1974. De profundis. Prologado por Luis Antonio de Villena. Traducido por Margarita Nelken. Madrid: Colección La Fontana Literaria. Ediciones Felmar.

_______. 2000. De profundis. Traducido por María Luisa Balseiro. Madrid: Ediciones Siruela.

_______. 1986. Ensayos. Artículos. Prologado por Jorge Luis Borges. Traducido por Julio Gómez de la Serna. Barcelona: Hyspamerica Ediciones S.A.

_______. 1999. Ensayos y artículos. Presentado y prologado por Francesc Ll. Carmona. Versión de Elena Cortada de la Rosa. Barcelona: Edicomunicación S.A.

_______. 1980. Teleny. Traducido y prologado por Alberto Cardín. Barcelona: Laertes S.A. de ediciones.